Cuando el calor se convierte en un riesgo para la salud: cómo afectan las altas temperaturas al organismo y cómo protegerse

Woman cooling down with a bottle of water in the shade on a sunny Barcelona promenade.

El verano en Barcelona significa sol, mar, largas tardes y vida al aire libre. Sin embargo, las altas temperaturas no son únicamente una cuestión de comodidad. Cuando el calor se prolonga durante varios días, las temperaturas permanecen elevadas incluso por la noche o se suma una humedad alta, al organismo puede resultarle cada vez más difícil mantener su temperatura interna normal.

El calor extremo somete a todo el organismo a un gran esfuerzo. Puede provocar deshidratación, agotamiento por calor o un golpe de calor potencialmente mortal, y también puede agravar enfermedades preexistentes del corazón, los pulmones y los riñones, así como la diabetes.

¿Qué le ocurre a nuestro organismo cuando hace calor?

El cuerpo humano intenta mantener su temperatura interna dentro de un intervalo relativamente estrecho. Cuando sentimos calor, los vasos sanguíneos cercanos a la piel se dilatan y aumenta la sudoración. Al evaporarse, el sudor ayuda a enfriar el organismo.

Sin embargo, este mecanismo tiene sus límites. Cuando la humedad es elevada, el sudor se evapora más lentamente, lo que dificulta que el cuerpo se enfríe de forma eficaz. Al mismo tiempo, el corazón debe trabajar más para bombear una mayor cantidad de sangre hacia la superficie del cuerpo. La sudoración también provoca la pérdida de agua y minerales y, si los líquidos no se reponen adecuadamente, el volumen de sangre circulante puede disminuir.

Esto puede provocar cansancio, debilidad, dolor de cabeza, mareos, calambres musculares o una bajada de la presión arterial. La exposición prolongada al calor también puede ejercer una carga adicional sobre los riñones y agravar enfermedades cardiovasculares, respiratorias y metabólicas.

No se trata solo de la temperatura

La forma en que el calor afecta a una persona no depende únicamente de la temperatura que marca el termómetro. Otros factores importantes son:

  • la humedad del aire,
  • la exposición directa al sol,
  • la circulación del aire,
  • la actividad física,
  • la ropa,
  • la duración de la exposición al calor,
  • la posibilidad de descansar y refrescarse,
  • el estado de salud y la medicación de la persona.

Bajo la luz solar directa, la exposición al calor puede percibirse de forma significativamente más intensa que a la sombra. El riesgo también aumenta cuando las temperaturas elevadas se mantienen durante toda la noche. En ese caso, el organismo tiene menos oportunidades para recuperarse, lo que permite que el estrés térmico se acumule de manera progresiva.

¿Quiénes corren mayor riesgo durante los días de calor?

El calor puede afectar a cualquier persona, pero algunas tienen una menor capacidad para regular su temperatura corporal o evitar la exposición a condiciones de calor.

Deben extremar las precauciones:

  • las personas mayores,
  • los bebés y los niños pequeños,
  • las mujeres embarazadas,
  • las personas con enfermedades cardíacas, pulmonares o renales,
  • las personas con diabetes,
  • los pacientes con movilidad reducida o enfermedades neurológicas,
  • las personas que toman determinados medicamentos,
  • quienes trabajan o hacen ejercicio al aire libre,
  • los turistas que no están acostumbrados al clima local,
  • las personas que viven solas o no disponen de una forma eficaz de refrescar su hogar.

La edad avanzada, las enfermedades crónicas y ciertos tipos de medicamentos pueden afectar a la sensación de sed, la sudoración, la presión arterial, el equilibrio de líquidos del organismo o su capacidad para responder al sobrecalentamiento. Sin embargo, durante los periodos de calor no se debe interrumpir un tratamiento ni modificar su dosis sin indicación médica. Ante cualquier duda, conviene consultar con el médico.

Señales de alarma que no deben ignorarse

Los primeros signos de sobrecalentamiento pueden parecer relativamente leves. Entre ellos se incluyen:

  • sudoración inusualmente abundante,
  • sed intensa,
  • cansancio y debilidad,
  • dolor de cabeza,
  • náuseas,
  • mareos,
  • calambres musculares,
  • latidos cardíacos acelerados,
  • sensación de desmayo.

Estos síntomas pueden indicar agotamiento por calor. La persona afectada debe interrumpir la actividad, trasladarse a un lugar más fresco, aflojarse la ropa, enfriar el cuerpo y reponer gradualmente los líquidos perdidos.

La confusión, la pérdida o alteración de la conciencia, las convulsiones, el colapso, una temperatura corporal muy elevada o un cambio repentino de comportamiento pueden ser signos de golpe de calor. El golpe de calor es una afección aguda y potencialmente mortal que requiere asistencia médica inmediata.

Cómo protegerse eficazmente durante los días de calor

1. Beba con regularidad, no solo cuando tenga sed

Durante los días de calor, es recomendable beber pequeñas cantidades de forma regular a lo largo del día. La sensación de sed no siempre refleja con precisión las necesidades reales de líquidos del organismo, especialmente en las personas mayores.

Por lo general, el agua es la mejor opción. Durante una actividad física prolongada o una sudoración intensa, también puede ser necesario reponer electrolitos. El alcohol puede empeorar la deshidratación, mientras que las bebidas muy azucaradas o con un alto contenido de cafeína no son la mejor opción como fuente principal de líquidos.

Sin embargo, no existe una cantidad universal de agua adecuada para todo el mundo. Las personas con enfermedades cardíacas o renales a quienes se haya recomendado limitar la ingesta de líquidos deben seguir las indicaciones individuales de su médico.

2. Traslade las actividades a las horas más frescas del día

El ejercicio, los paseos largos, la jardinería y los desplazamientos físicamente exigentes deben planificarse preferiblemente por la mañana o por la tarde. Durante las horas más calurosas del día, conviene reducir el esfuerzo físico y buscar la sombra siempre que sea posible.

Haga descansos frecuentes cuando pase tiempo al aire libre. Si presenta dolor de cabeza, debilidad, náuseas o mareos, no continúe la actividad intentando simplemente «aguantar».

3. Refresque el cuerpo, no solo la habitación

Durante el día, cierre las persianas, contraventanas o cortinas del lado del edificio expuesto directamente al sol. Ventile principalmente cuando el aire exterior sea más fresco que el del interior.

También pueden ayudar una ducha templada, una toalla húmeda, ropa ligera y pasar tiempo en un espacio con aire acondicionado o en otro lugar fresco.

Un ventilador puede proporcionar una sensación de alivio, pero durante temperaturas extremadamente altas puede no ser suficiente por sí solo para prevenir el sobrecalentamiento.

4. Elija ropa ligera y recuerde protegerse del sol

Utilice ropa ligera, holgada y transpirable. Cuando pase tiempo al aire libre, use sombrero, gafas de sol y un protector solar de amplio espectro.

La protección frente a la radiación ultravioleta y la prevención del sobrecalentamiento son dos cuestiones diferentes, pero ambas son importantes durante el verano.

5. Compruebe el estado de las personas vulnerables de su entorno

Durante una ola de calor, manténgase en contacto con familiares mayores, vecinos y personas con enfermedades crónicas, especialmente si viven solas. Asegúrese de que disponen de suficiente agua, de que su vivienda no alcanza una temperatura peligrosamente alta y de que no han desarrollado síntomas inusuales.

Nunca deje a un niño, una persona dependiente o un animal dentro de un vehículo estacionado, ni siquiera durante un periodo breve.

Escuche a su cuerpo antes de que le obligue a detenerse

El sobrecalentamiento no suele comenzar de forma repentina. A menudo está precedido por cansancio, dolor de cabeza, dificultad para concentrarse, irritabilidad, náuseas o la sensación de que una actividad habitual se ha vuelto de pronto mucho más exigente.

Este es el mejor momento para detenerse y descansar. Trasladarse a un lugar más fresco, hacer una pausa y reponer líquidos puede evitar que los primeros síntomas evolucionen hacia un cuadro más grave.

El calor forma parte habitual del verano en España, pero no debe subestimarse, especialmente en niños, personas mayores, mujeres embarazadas y personas con enfermedades crónicas. Planificar bien el día, beber con regularidad y reconocer a tiempo las señales de alarma puede reducir de forma significativa los riesgos para la salud asociados al calor.

¿Necesita asistencia médica en Barcelona?

Si durante su estancia en Barcelona necesita una consulta médica, una exploración o ayuda para encontrar al especialista adecuado, Barcelona Medical Consulting puede ayudarle a organizar su atención médica desde el primer contacto hasta el seguimiento posterior.

Coordinamos la comunicación con los principales hospitales privados y especialistas médicos, gestionamos las citas y ofrecemos servicios adicionales, como interpretación médica y acompañamiento hospitalario.

Contáctanos

TELÉFONO
+34 663 617 233
Email
info@bmc.cat
SOLICITUD
Enviar ahora